La tristeza de Ginebra

Prácticamente todos los cuadros atribuidos a Leonardo Da Vinci guardan un secreto en los ojos de sus retratados. Éste es el caso de la efigie de Ginebra de Benci o Ginevra de’ Benci, una aristócrata florentina del siglo XV, cuyo semblante acongoja y entristece. Hija de un banquero reconocido en Italia, esta posición social le dio un poco de libertad para moverse en los círculos de la filosofía y poesía y conocer a figuras como Lorenzo de Medici, Ficino y Poliziano, quienes también reconocieron su intelecto y su trabajo.

En 1474, con tan sólo 16 años, es comprometida con un comerciante llamado Luigi di Bernardo Niccolini. Una de las teorías de la creación de este cuadro es que fue un regalo para celebrar el compromiso –no la boda, porque si fuera así, según la moda renacentista, aparecería el matrimonio, el hombre a la izquierda y la mujer a la derecha–, y fue pedido a un ex aprendiz del famoso Andrea del Verrochio.

Este artista, apenas conocido, se piensa que fue Leonardo Da Vinci; primero, porque se han adjudicado 17 retratos de Ginebra de Benci bajo su firma, y segundo por el singular fondo y la innovadora forma de retratar a alguien en tres cuartos, cuando usualmente las efigies eran de perfil. El cuadro era más largo, contenía las manos de su protagonista reposadas en su regazo como lo hace la Gioconda, pero al parecer fue cortado por un posible maltrato, dejándolo con una medida 38.8 cm de alto y 36.7 cm de ancho.

Otra hipótesis, la que aclararía la tristeza contenida de la faz de Ginebra, es que fue un pedido hecho para celebrar un amor imposible. Encargado por Bernardo Bembo, un embajador veneciano que tuvo que ejercer en Florencia y que se quedó prendado de la belleza e inteligencia de Ginebra. Al estar casado y con hijos, al más puro estilo del amor casto y caballeresco de la Edad Media, trató de vivir su inmaculado amor a través de poemas y del arte de Leonardo. 

Al reverso del cuadro, incluso existe más información para apoyar esta hipótesis: están pintados el escudo de los Bembo y una frase en latín propia de la admiración.

Además, y gracias a los estudios museográficos para restaurar la pintura, a través de una fotografía infrarroja, se descubrió debajo del retrato una frase: “Virtud y honor”, lema personal del embajador.

El cuadro lo tuvo Bembo durante su estancia en Florencia, donde su relación siempre fue platónica, hasta que tuvo que cambiarse de ciudad para proseguir con su vida diplomática. Del resto de la vida de Ginebra se sabe poco; se retiró de la vida pública y existen los bocetos hechos posiblemente por Da Vinci con su retrato. La pintura ahora se encuentra en la National Gallery of Art de Washington desde 1967, después de haber sido comprada por 5 millones de dólares a la Casa Real de Liechtenstein, donde se pueden ver el anverso y reverso de la obra.

Ginebra puede ser visitada en la National Gallery of Art en Washington. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Nga,_ritratto_di_ginevra_de%27_benci,_proporzioni.JPG

Publicado por Miss Chalak

Curiosa empedernida y adicta a la hipervinculación. Descubrió que es amante de la semiótica y los idiomas cuando estudiaba una maestría en Historia del pensamiento. No entiende por qué decidió describirse en tercera persona.

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