Cómo ser un estafador de arte “correcto”


Disclaimer: este texto no es una apología a la estafa o a la creación de obras falsas para venderlas bajo engaño. Contiene una opinión personal sobre las fortalezas y debilidades de los “artistas” implicados en dos casos verídicos que fueron plasmados en documentales. 

Vincent Van Gogh, Labourer dans un champ, 1889. Fuente: https://vanguardia.com.mx/articulo/sabastan-labourer-dans-un-champ-de-vincent-van-gogh-por-813-mdd

El mercado del arte es muy caprichoso hoy en día: depende de las modas, de la valoración del artista hecha por críticos, y por cuántos cuadros existen para saciar la demanda de cierta élite. Ejemplo de esto es el ya muy sonado caso de Vincent Van Gogh, que en vida sólo vendió tres obras –la más cara a 400 francos (74 dólares)–, y en 2017, la casa de subastas Christie’s vendió su óleo Labourer dans un champ por 81.3 millones de dólares. 

La obra más costosa en una subasta ha sido Salvator Mundi de Leonardo Da Vinci comprada en 2017 por una nimia y austera cantidad de 450 millones de dólares. Le siguen Nu couché de Amedeo Modigliani subastada por 157 millones de dólares, Three studies of Lucien Freud de Francis Bacon por 142.4 millones de dólares, y Meules de Claude Monet por 110 millones de dólares.

Evidentemente, el peligro de hurto de una pieza aumenta proporcionalmente con el precio que tienen en el mercado. Vender una pieza de arte robada no es difícil, sino imposible. Esto se debe a los estatutos de protección del patrimonio artístico conformados por el Consejo Internacional de Museos (ICOM) donde se hace una red de recuperación de la obra donde participan museos, galerías, casas de antigüedades, casas de subasta, policías especializados, gobiernos, autoridades aduaneras y la Interpol. Si se quiere entonces lucrar con arte, lo más recomendable es crear obras nuevas que se hagan pasar por originales perdidos.

Ejemplo de esto son dos documentales: Beltracchi: The Art of Forgery y Made You Look: A True Story of Fake Art. El primero narra la historia de Wolfgang Beltracchi, antes Wolfgang Fischer, un pintor alemán que se dio cuenta que tenía un talento especial para replicar los estilos de pintores como Max Ernst, Heinrich Campendonk y Max Hermann Pechstein. En el segundo se cuenta la historia de una de las estafas más conocidas del mundo del arte moderno, donde Anne Freedman, presidente de la famosa y prestigiosa galería Knoedler, vendió cuadros inéditos de Jackson Pollock, Mark Rothko y Robert Motherwell provenientes de un misterioso coleccionista suizo.

Beltracchi es un mago embaucador. Con un talento inaudito heredado de su padre, un pintor y restaurador de iglesias, el pequeño Wolfgang, con tan sólo 14 años, ya podía reproducir con toda la técnica obras de Picasso. El problema era que para él, pintar sólo representaba un simple talento para trabajar, mas no le apasionaba. Él mismo confiesa que alguna vez pintó obras propias ultrarrealistas, pero disfrutaba más de crear obras inexistentes de artistas reconocidos. Ahí encontró su área de oportunidad: pintar obras que aparecían en el catálogo de algunos artistas pero que no tenían registro fotográfico ni descripción pictórica.  

Yendo a ventas de garage para conseguir lienzos y marcos antiguos, enfrascando pelusa y partículas de muebles antiguos por años, fotografiando con cámaras y películas de época sus cuadros en escenarios de salas o habitaciones de los años 20 creados por él y su esposa, contando la historia de una colección perdida que sobrevivió la Segunda Guerra Mundial… con todas estas tretas pudo ganar alrededor de 16 millones de euros. 

Cuadro rojo con caballos, obra atribuida a Heinrich Campendonk, fue la obra que usó el pigmento erróneo y que destapó la estafa de Beltracchi. Fuente: https://twitter.com/julieth_cas1/status/1199264530066558976/photo/1

¿Cómo lo atraparon? Con un simple error: usar blanco de titanio –una pintura que apareció entre 1916 y 1918 pero que se popularizó en 1950–, en una obra supuestamente realizada en 1915. Ese hilo suelto deshebró una pesquisa policial sobre una serie de 55 cuadros de dudosa procedencia de los cuales 14 sí fueron reconocidos por Beltracchi. Después de un acuerdo con la Fiscalía alemana, el antihéroe de la historia aceptó el pago de una indemnización y una condena de 4 años para su esposa y 6 para él. Pero, se dice que existen unas 200 de sus obras que han rondado en casas de subastas y que están colgadas en museos y colecciones privadas.

El caso de la galería Knoedler se resume a que su presidente, Anne Freedman, se enamoró de la belleza de cuadros perdidos supuestamente hechos por Pollock, Rothko y Motherwell que fueron traídos por la agente de un coleccionista suizo anónimo. Esta agente de origen mexicano, Glafira Rosales, poco a poco, vendió 60 de estos exquisitos y rarísimos cuadros para ayudar a la familia que la contrató. Sin papeleo disponible, muchos expertos reconocieron la veracidad de las obras sin hacer más análisis sobre su proveniencia. ¿Por qué? Porque el arte falsificado es como un billete falso: si no lo denuncias te conviertes en cómplice, pero nadie quiere mostrar que fueron lo suficientemente ingenuos para confesar que les tomaron el pelo. 

No fue hasta que un comprador de un Pollock solicitó que su adquisición fuera analizada por la International Foundation for Art Research (IFAR). Después del estudio, se descubrió que los lienzos eran demasiado nuevos para obras de más de 50 años y que, además, tenían una especie de pátina poco común para darle un efecto de envejecimiento. Con esto la estafa salió a relucir. Resulta que Glafira Rosales era novia de José Carlos Bergantiños Díaz, un español originario de Lugo que fue detenido en 2014 por vender en Europa obras de arte falsificadas por valor de 30 millones de dólares entre los años noventa y 2009. Ninguno tenía talento artístico, por lo que Bergantiños contrató a un artista ambulante de origen chino que había estudiado con Ai Weiwei, de nombre Pei-Shen Qian.

Qian tenía un talento enorme para copiar obras, Bergantiños poseía el ingenio de usar bolsas de té y secadores de pelo para avejentar y cuartear los óleos, y Rosales era una figura con gran templanza que sabía escuchar y no destacar. Al enterarse de esto, la reputación de Anne Freedman cayó por los suelos, Bergantiños y Pei-Shen Qian regresaron a sus países de procedencia para evitar la extradición, y la mexicana ingresó en una prisión de Nueva York, pero por su colaboración con la justicia su condena fue noventa días de arresto domiciliario y tres años de libertad vigilada en vez de los 99 años iniciales.

¿Qué podemos aprender de todo esto? Que hay que estudiar. Si se quiere ser un estafador de arte “correcto” se debe conocer de historia de arte y de restauración, a parte de tener talento artístico, evidentemente. Las obras envejecen y se deterioran porque es parte de la crueldad del tiempo: existen medidas de conservación preventiva para reducir los efectos de la humedad relativa, de la temperatura, de la luz y hasta de las plagas, y eso debe verse reflejado tanto en el marco, en el material del lienzo, y en los materiales de preparación de la pintura como la base, los pigmentos y el barniz. Para vender la idea de una obra perdida catalogada pero sin registro, hay que conocer los pigmentos de la época, los utensilios usados por el artista y hasta el clima del año en la que la obra se realizó para ver si la humedad o el calor no hicieron juego con los elementos higroscópicos de la obra. 

Beltracchi lo entendió bastante bien antes de errar con el uso de pigmento más moderno al necesario. Bergantiños y Pei-Shen Qian, no tanto: no se pueden usar elementos modernos para pinturas de más de treinta años. Aquí, su as bajo la mano fue la belleza de las obras que embelesaron a todos, tanto que incluso hijos y esposas de los artistas ultrajados no podían reconocer la falsedad de las obras, cegando la verdad con la estética expuesta. 

El mundo del arte es complicado. Para engañar correctamente a un público aristócrata, millonario y con sed de coleccionar obras únicas, sería bueno leer la biografía del conde Victor Lustig, quien con simpatía, cultura y creatividad vendió dos veces la Torre Eiffel y estafó a Al Capone. Si Lustig, el genio de la estafa, hubiese vivido en el siglo XXI, seguro habría convencido que la Mona Lisa hecha sobre pan tostado fue realmente hecha por el polímata de Vinci. ¿Ustedes qué opinan?, ¿ya vieron estos documentales?

Publicado por Miss Chalak

Curiosa empedernida y adicta a la hipervinculación. Descubrió que es amante de la semiótica y los idiomas cuando estudiaba una maestría en Historia del pensamiento. No entiende por qué decidió describirse en tercera persona.

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