Trayendo la guerra a casa

Hace poco se cumplieron seis meses desde que empezó la invasión de Rusia a Ucrania, y el fin de este conflicto no se ve claro. Otros países, como Serbia con Kosovo y China con Taiwán, han decidido sumarse a los enfrentamientos internacionales animados por la falta de respuesta internacional de la ONU. La guerra existe, se está expandiendo, pero todo sigue encapsulado para evitar que todos estos problemas escalen a una crisis nuclear internacional. 

En México, no escatimamos problemas. Cada dos días uno se entera por redes sociales y por las noticias de alguna escaramuza de un grupo armado, de algún linchamiento, o de un tiroteo provocado por el narco. La inseguridad está permeando como la humedad en cada estado, municipio y barrio, aunque las cifras “oficiales” lo desmientan, jurando que incluso el número de homicidios ha bajado en comparación de otros sexenios. 

Supongo que si las autoridades dicen que todo está bien, todos tenemos que adoptar su mismo estado de negación y actitud de minimización del conflicto. ¿COVID-19?, ¿viruela del mono?, ¿conflictos armados?, ¿narco-estados?, ¿crisis económicas?, ¿calentamiento global?, ¿sequías severas? Todo esto son dudas existenciales que perjudican a las personas que piensan demasiado. 

Martha Rosler enfrente de una de sus series, en la exposición Tristes Armas del Instituto Valenciano de Arte Moderno, 2015. (Fuente de la imagen: El País)

Martha Rosler tuvo una inquietud similar entre 1967 y 1972, durante la Guerra de Vietnam (1955-1975). Nacida en 1943 en Brooklyn, Nueva York, mostró desde joven interés sobre el discurso de las imágenes. A través de la fotografía y el collage, cómo éstas podían reflejar diferentes realidades y, a su vez, crear un discurso poderoso que criticara la agenda mediática que causaba apatía y negación ante los hechos belicosos.

Durante las marchas en contra de la guerra de Estados Unidos y el Vietcong, Rosler creó una serie de fotomontajes para distribuirse como hojas móviles fotocopiadas y ser publicadas en periódicos clandestinos para despertar mentalmente a la gente y hacerla participar en la opinión pública. Para esto, la artista yuxtapuso escenas de hogares de gente adinerada, sacadas de una revista llamada House Beautiful, con imágenes de fotorreportajes de la revista Life.

Limpiando las cortinas. (Fuente de la imagen: MoMA)

El resultado era abrumador. En una cocina lujosa se podían ver vietnamitas mutilados. En una escena de una ama de casa estrenando una aspiradora especial para cortinas, se asomaba una trinchera estadounidense por la ventana. En un jardín glamouroso, soldados descansan al sol. La serie de montajes se llama House Beautiful: Bringing the War Home, y realmente trajo la guerra lejana, a la cotidiana sala de estar. 

Este activismo artístico instaba al público a reconsiderar qué es el “aquí” y qué es el “allá”, mostrando que la guerra es un hecho presente que no podemos ignorar. A pesar de lo que los medios o el gobierno digan, hay situaciones en el mundo que no deben ser manipuladas, y las experiencias colectivas de la guerra –de cualquier guerra– no debe ser una experiencia colectiva maquillada con fines de aceptación política. 

Publicado por Miss Chalak

Curiosa empedernida y adicta a la hipervinculación. Descubrió que es amante de la semiótica y los idiomas cuando estudiaba una maestría en Historia del pensamiento. No entiende por qué decidió describirse en tercera persona.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: