Picasso: sus desencuentros amorosos a través del arte

Existen muchos tipos de amores. Pueden ser pasionales, tóxicos, épicos, trágicos, intelectuales, teológicos, fraternales… pero hasta que no se encuentre la persona que se vuelva tu hogar para toda tu vida, muchos de éstos son simplemente pasajeros. Y todos ellos tienen tres etapas como lo menciona el poema El amor que pasa de Gustavo Adolfo Bécquer:  ilusión, posesión y pérdida.

Los invisibles átomos del aire

en derredor palpitan y se inflaman,

el cielo se deshace en rayos de oro,

la tierra se estremece alborozada.

Oigo flotando en olas de armonías,

rumor de besos y batir de alas;

mis párpados se cierran… ?¿Qué sucede?

¿Dime?

¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!

El amor que pasa, Gustavo Adolfo Bécquer

Los artistas de inicios del siglo XX eran como los rockeros de la década de los ochenta: eran ídolos y tenían un buen séquito de fanáticas. En ese entonces, no podías impresionar a tus pares sociales diciendo que Axl Rose compuso “Sweet Child O’Mine” pensando en ti, pero podías decir que habías posado para Modigliani, Matisse o Picasso… y de este último personaje hablaremos en esta ocasión. Bueno, propiamente de él no, pero sí de la historia pictórica de sus desamores.

Picasso en su estudio. (Fuente de la imagen: Admagazine)

Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso nació en Málaga un 25 de octubre de 1881 en la cuna de una familia burguesa. Desde pequeño, y seguro influído por su padre que era profesor de dibujo de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, mostró una clara afinidad hacia las artes plásticas. Cuando la familia se traslada a Cataluña por cuestiones económicas, Picasso estudió la Escuela de Bellas Artes de Barcelona donde aprendió el puro estilo academicista.

Terminando sus estudios, empezó a viajar y a conocer gente que le ayudaron a encontrar su propia voz y a experimentar con diferentes corrientes. Tuvo su periodo azul, su periodo rosa, y gracias a la moda de aquel entonces de importar máscaras rituales de África, estableció, junto a Georges Braque, el Cubismo. Este movimiento artístico desarrollado entre 1907 y 1917 creaba la ruptura definitiva con la pintura tradicional, desapareciendo la perspectiva tradicional y tratando las formas de la naturaleza por medio de figuras geométricas. Fragmentando líneas y superficies para crear múltiples planos, generaban la posibilidad de tener múltiples puntos de vista, juntando, por ejemplo, el frente y el perfil de una persona omitiendo la profundidad.

Con el invento de esta vanguardia, Picasso se convirtió en un artista renombrado. Su popularidad fue notable y evidentemente, todo el mundo quería saber quién era la mujer que inspiraba las obras del pintor malagueño en el momento. Él mismo se reconocía como un eterno romántico pero las mujeres que vivieron junto a él no tenían la misma impresión. A continuación les presento una breve retrospectiva de sus amores y desencuentros a través del arte.

(Fuentes de las imágenes: Russia Beyond y Ars Magazine)

Olga Stepánovna Khokhlova fue una bailarina del Imperio Ruso desde que tenía 20 años. Aunque no era una de las bailarinas principales, formaba parte del cuerpo de baile que viajaba a diferentes ciudades europeas para presentar diversos montajes. Cuando tenía 25 años, conoció a Picasso en Roma, durante la representación de Parade, un ballet cuyos decorados y vestuarios los había hecho el artista malagueño. Se enamoraron y al año se casaron.

Picasso convenció a Olga de dejar el ballet y convertirse en su fiel acompañante en las reuniones aristocráticas de París donde el artista podía vender sus obras. Fuera del glamour de pertenecer a la socialité francesa de principios del siglo XIX, Khokhlova sufría por las noticias que le llegaban de su familia que estaba atravesando las consecuencias de la Guerra Civil Rusa: la desaparición de su padre, la muerte de un hermano, el exilio de otro, y la mala situación económica de su madre y hermana. La ex-bailarina se retrajo y poco a poco la relación con su esposo se fue deteriorando a causa de peleas y discusiones.

Las infidelidades de su marido y la noticia de que éste había tenido un hijo con una de sus amantes inestabilizaron la salud mental de Khokhlova. Picasso quería divorciarse pero eso significaba que tenía que darle la mitad de su millonario patrimonio, por lo que el artista sólo solicitó la separación a causa del «carácter difícil» y las «escenas violentas» de su mujer. En 1955, la bailarina rusa murió de cáncer y Pablo Picasso no se presentó al funeral, por el repudio que le tenía desde su separación.

(Fuentes de las imágenes: El Mundo, Ella sin Picasso y Pinterest)

Picasso se acercó a Marie-Thérèse Walter afuera de las Galerías Lafayette. “Tienes una cara interesante, me gustaría hacerte un retrato. Creo que vamos a hacer grandes cosas juntos. Soy Picasso”. La joven rubia aceptó la invitación del artista, y unos días más tarde se presentó en su estudio en la rue de la Boétie. Terminada la sesión, el malagueño le pidió regresar otra vez, y una vez más, empezando un tórrido romance que marcaría la obra del pintor hasta 1955.

De origen sueco, Walter tenía 17 años cuando se convertió en la musa y la amante de Picasso. Como éste seguía casado, decidió comprar en 1930 el Castillo de Boisgeloup, un retiro apartado en Normadía, a unos 60 kilómetros de París. De esta forma podía estar con ella en secreto mientras su familia creía que trabajaba en sus esculturas. Su cuerpo tonificado por toda la actividad física que realizaba –le encantaba correr, nadar y remar–, su cara de niña y su cabello rubio fueron una inspiración tal, que cuatro de sus retratos figuran entre las diez más costosas pinturas subastadas del artista.

Marie-Thérèse era la niña de los ojos de Picasso. Su juventud era un elixir erótico para el pintor, a tal grado que muchas veces la retrató o esculpió con un pene en la cara (sólo basta ver la pintura de El sueño para entender el deseo sexual que le provocaba). El año de 1932 fue el más productivo para el malagueño, creando parte de sus obras más famosas. 

En 1935, Walter queda embarazada. El 5 de septiembre de ese mismo año nace su pequeña María de la Concepción Widmaier-Picasso, mejor conocida como Maya. No soportando esta nueva vida como padre de familia, Picasso las abandona para encontrar a una nueva musa, usando como pretexto el estallido de la Guerra Civil Española.

En 1940, Walter y Maya se mudaron a París. Picasso las apoyaba financieramente, pero nunca buscó formalizar su relación con Marie-Thérèse. El 20 de octubre de 1977, cuatro años después de la muerte del artista, la famosa niña de Picasso se quitó la vida porque no pudo soportar la ausencia del hombre que la enamoró.

(Fuentes de las imágenes: El País, Tribuna feminista y Damiselas en apuros)

Henriette Theodora Markovitch fue una increíble artista plástica y fotógrafa francesa de padre croata. Interesada en la fotografía cuando todavía no era considerada propiamente un arte, estudió con Henri Cartier-Bresson y Brassaï, y fue pupila de Man Ray. Siendo amiga íntima de André Breton y de su esposa, Maar hacía collages con sus fotografías creando mundos surrealistas, experimentando con la exposición para plasmar negros más profundos y desproporcionando la perspectiva de los objetos para desestabilizar la realidad visible en sus encuadres. Asimismo, fue la fotógrafo que retrató todo el proceso de creación del Guernica.

A Dora Maar se le considera la musa doliente de Picasso. Se conocieron en un café, ella de 29, él de 55, cuando Maar, con las manos ensangrentadas, jugaba con una navaja pasándosela entre los nudillos. Su dulce romance duró relativamente poco ya que se dice que el artista español constantemente la agredía físicamente y psicológicamente.

La violencia mental de la que era víctima, aunados a los celos por las numerosas infidelidades del malagueño, hicieron que tuviera varios episodios psicóticos y paranoícos, desde pensar que le robaron su perro o bicicleta, hasta estar completamente desnuda en las escaleras de su casa cuando pasaba un séquito nupcial. Picasso estaba harto de su llanto y la consideraba una histérica sin talento. Fue ingresada a un hospital psiquiátrico y medicada con electroshocks, hasta que su amigo, Paul Éluard, intercedió por ella para que la sacaran de ahí.

Maar tenía una gran preparación académica y artística, formando parte de los círculos más vanguardistas del París de los años 20 y 30 por sus propios méritos. No era una mujer simplona que vio una oportunidad de ser modelo de Picasso: hubo una conexión intelectual que con otras no tuvo. Dora Maar, después de esto no tuvo ninguna relación romántica, se refugió en la religión diciendo que después de Picasso, sólo Dios.

(Fuente de las imágenes: Pinterest, XL Semanal y XL Semanal)

Hija de un empresario y de una artista, ignoró los deseos de su padre en que se convirtiera en abogada para estudiar arte con su madre y filosofía y literatura inglesa en la Universidad de Cambridge y el Instituto de la Universidad de Londres en París. Cuando tenía 14 años, le fue introducida la cerámica, y un año más tarde estudió con el pintor post-impresionista Jacques Beurdeley. El arte en barro fue lo que les unió cuando ella tenía 21 años y él 61: ella evitaba los bordes afilados y formas angulares que Picasso solía utilizar, claramente cubiste, y, en cambio, utilizaba figuras orgánicas y femeninas.

Su relación duró casi diez años, en los que muchas veces era acosada por Olga Khokhlova en las calles, y tuvieron dos hijos juntos. Pero, al enterarse de que el malagueño se había ido de vacaciones con su amante, lo dejó. Su ruptura fue desastroza debido a que Picasso convenció a todos los comerciantes de arte que conocía que no compraran la obra de Gilot para que no pudiera sostenerse sola y dependiera de él.

Mujer de carácter, fue catalogada como alborotadora por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, cuando dejó flores en el monumento de la Tumba de los desconocidos. Ha tenido varios reconocimientos por su talante y su trabajo como la Légion d’Honeur. Actualmente reside entre París y Nueva York, viviendo de sus libros, de sus obras y trabajando como crítica de arte. 

(Fuente de la imagen: Quien queda con quien)

Laporte conoció a Picasso cuando tenía 17 años: lo entrevistó para el periódico de su escuela y desarrollaron una amistad platónica basada en el arte. Tiempo después, cuando ella tenía 24, se reencontraron y tuvieron un breve romance. Viajaron a Saint-Tropez en verano y el malagueño no dejó de retratarla. Cuando Françoise Gilot lo dejó, éste invitó a Laporte a vivir con él. Ella se negó, primero por principio –¿su mujer lo deja y para no estar solo ahora quiere vivir con ella?– y segundo, porque varios amigos en común, entre ellos Paul Éluard —que salvó a Dora Maar del hospital psiquiátrico—, le había advertido que todo lo que tocaba Picasso lo mataba. Fue la musa más retratada del cubista con 282 obras; le siguen Dora Maar, Marie-Thérès Walter y Françoise Gilot.

Picasso se relacionó con muchas más mujeres, entre ellas Jacqueline Roque y Eva Gouel, pero no tuvieron propiamente una ruptura dramática y estrepitosa para que el artista las retratase con cierto rencor cuando se terminó su relación. En la retrospectiva de estos cinco amores, se puede ver la dulzura con la que retrató a sus musas durante el periodo de amor, lleno de curvas y tonos pasteles, para deshumanizarlas y quitarles el nombre –si pueden ver los títulos de las obras, durante el amor los retratos tienen nombre y apellido, y durante el desamor son simplemente mujeres en una pose– y retratarlas con colores estridentes y ángulos que denotan estrés y molestia. El arte es catártico, y podemos tener una probada de la subjetividad de Picasso durante el inicio y el fin de sus romances, mostrando claramente la etapa de ilusión y pérdida que mencionaba Bécquer.

Publicado por Miss Chalak

Curiosa empedernida y adicta a la hipervinculación. Descubrió que es amante de la semiótica y los idiomas cuando estudiaba una maestría en Historia del pensamiento. No entiende por qué decidió describirse en tercera persona.

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