El imaginario de la Navidad: Dickens y Leech

En diciembre la sensación del ambiente cambia. Muchas personas empiezan a decorar sus casas con pinos, luces, nacimientos y personajes que remiten a la leyenda de San Nicolás. El clima se enfría (al menos en el hemisferio norte) y prevalece el antojo de bebidas calentitas y comidas apapachadoras que ayuden a subir las endorfinas y los kilos. Ya sea por razones religiosas o meramente sociales, el espíritu de la convivencia se enciende buscando hacer enmiendas y esparcir amor y buenos deseos. Y, existen otros seres que les da todo igual y al ser invitados a alguna fiesta navideña solamente pronunciarán “Bah humbug” y buscarán películas sangrientas para disolver el exceso de sacarina de la época.

Primera edición de A Christmas Carol. (Fuente de la imagen: Wikipedia)

Los impulsores –o los culpables– de la imagen costumbrista de una feliz Navidad son Charles Dickens y John Leech con A Christmas Carol o Un cuento de Navidad. Charles John Huffam Dickens (1812-1870) escribió en una Inglaterra victoriana que tenía duras leyes contra los difíciles problemas sociales, explotando niños y mineros, y castigando con un rigor excesivo a personas –que sin ser violentas o peligrosas– delinquían por no pagar sus deudas. El país estaba polarizado con una muy marcada diferencia entre ricos y pobres. Dicken había vivido esta situación en carne propia cuando encarcelaron a su padre por moroso y tuvo que vender sus libros y trabajar puliendo zapatos para ayudar a su familia. Su indignación por la situación era tal que quería hacer un manifiesto para concientizar a la sociedad inglesa sobre lo encasilladora y cruel que era la infancia en condición de calle. 

El fantasma de Jacob Marley visita a Scrooge para avisarle de sus tres próximos visitantes. (Fuente de la imagen: Wikipedia)

Muchos de los conocidos del escritor le dijeron que su lucha social debería verse encaminada no por un manifiesto que reñía y amonestaba a la gente, sino con una historia a la que la gente podría volver una y otra vez. En tan solo seis semanas Dickens escribió una novela, que no sólo retrató la realidad victoriana, sino que cimentó la Navidad como una época donde deben prevalecer los valores de la caridad, la fraternidad y la amistad. El libro tuvo tal éxito que, tan sólo publicado el 19 de diciembre de 1843 en Londres por Chapman & Hall, y se agotó para esa misma Nochebuena; tan sólo un año después, ya se habían publicado otras 13 ediciones. Además, la historia permeó la sociedad local e internacional, año con año, generando el prototipo perfecto de un ambiente navideño más allá de la solemnidad religiosa.

Scrooge disipa a los fantasmas de la Navidad pasada. (Fuente de la imagen: Charles Dickens’ Page)

El otro agente implicado –o cómplice– fue John Leech (1817-1864). Siendo un caricaturista e ilustrador británico, fue mejor conocido por su trabajo para Punch, una revista humorística para una amplia audiencia de clase media, que combina la sátira política verbal y gráfica con la comedia social ligera. Leech se ocupó de retratar los prejuicios de la época victoriana, como el antiamericanismo y el antisemitismo, y advocó por reformas sociales aceptables. Uno de sus trabajos más conocidos fueron sus caricaturas sobre la guerra de Crimea, que de forma crítica pero divertida, buscaban moldear las actitudes del público hacia el heroísmo, la guerra y el papel de los británicos en el mundo.

El fantasma de la Navidad presente. (Fuente de la imagen: Wikipedia)

Dickens sabía que para hacer aún más amena su historia sobre el despertar espiritual y caritativo de su avaro y amargado protagonista que representaba a la sociedad burguesa, necesitaba acompañar su texto con ilustraciones. Dickens eligió a Leech, que a pesar que no tenía experiencia en el mercado literario, sus ilustraciones tenían cierta sofisticación. El clic entre estos dos personajes fue inmediato y Leech retrató tal como se lo figuraba Dickens a cada uno de los personajes de la novela: A Ebeneezer Scrooge como un esquelético y huraño anciano, a Jacob Marley como un desahuciado y miserable fantasma encadenado, a Bob Crachit como un hombre bonachón, y los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras como entidades poderosas e imposibles de ignorar.

Scrooge con la Ignorancia y la Necesidad. (Fuente de la imagen: Charles Dickens’ Page)

Con tan solo cuatro grabados en madera y cuatro ilustraciones a color, la Navidad del baile de los Fezziwig’s con una pareja besándose bajo el muérdago, y todos bailando al son del violín en una humilde casita, la calidez de las chimeneas, y la ciudad cubierta de nieve se convirtieron en íconos del imaginario cultural de las fiestas decembrinas. Asimismo, estas ilustraciones se convirtieron en postales de redención, esperanza y buena voluntad para la cultura visual, trascendiendo el tiempo y las latitudes.

Scrooge y el fantasma de la Navidad futura. (Fuente de la imagen: Wikipedia)
Los fantasmas de la novela. (Fuente de la imagen: Charles Dickens’ Page)
Scrooge con Bob Cratchit. (Fuente de la image: Charles Dickens’ Page)

Publicado por Miss Chalak

Curiosa empedernida y adicta a la hipervinculación. Descubrió que es amante de la semiótica y los idiomas cuando estudiaba una maestría en Historia del pensamiento. No entiende por qué decidió describirse en tercera persona.

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